Muerte de Carlo Giuliani

…Simplemente para que no haya olvido, la historia de Carlo Giuliani…


CARLO GIULIANI

Carlo Giuliani (14 de marzo de 1978 – 20 de julio de 2001) fue un activista italiano simpatizante del movimiento antiglobalización. El 20 de julio de 2001 murió tras recibir un disparo efectuado por un carabinero y ser atropellado por el vehículo en retirada en la Via Caffa de Génova durante la Contracumbre del G8 en Génova. Las circunstancias de su muerte y la investigación subsiguiente generaron una gran polémica internacional, y actualmente siguen siendo discutidas.

1. La Víctima – Carlo Giuliani, 23 años.
Vivía en un edificio okupa en Génova y trabajaba con el Centro Social del Noreste. Se llevaba bien con sus padres, a los que les dijo que posiblemente no fuera a las manifestaciones y que en vez iria a la playa. Tenía antecedentes penales por insultar a un oficial de policía.

2. El coche policial había chocado contra un cubo de basura de metal volcado a un costado de la calle. Suceden dos cosas: por un lado los manifestantes se acercan al vehiculo, y por otro lado se ve claramente el extintor, que es arrojado contra ellos por la ventana trasera rota.
En primer lugar es dificil que el extintor pertenezca a los manifestantes, ya que es muy pesado para llevar corriendo. Y más aún, no cae dentro del vehiculo, como uno espera que suceda si se arrojara hacia o contra la ventana.
En el fondo de la foto, el carabiniero de la derecha llama pidiendo refuerzos, los cuales están a menos de treinta metros.

4. El manifestante de la sudadera azulada ha visto que el policía le apuntaba con la pistola e intenta alejarse del coche policial.
Se puede ver a Carlo Giuliani comenzando a levantar el extintor. Es muy posible que el policía de la pistola siga sin haber visto a Carlo, que además de estar agachado, tiene justo delante de él al otro manifestante, el cual está a punto de tropezar con el extintor. Los manifestantes del fondo que están con el tablón de madera no parecen haberse dado cuenta de que el policía ha sacado su arma.

5. Aquí vemos cómo el manifestante de la sudadera azulada ya ha caido. Los del tablón parecen estar listos para huir (lo han sacado de la ventana y se han dado la vuelta). Carlo Giuliani termina de levantar el extintor en el instante en que sería visto por primera vez con claridad por el policía de la pistola. Este es el instante en que se efectúa el disparo.

Foto 13

6. Foto 5 ampliada. Carlo está mirando posiblemente hacia el policía que le apunta. Tiene el extintor en sus manos justo delante de su cara. Hasta este momento no parece que fuera a arrojarlo, ya que la posición de sus brazos es más defensiva que ofensiva.
Aún así el policía dispara, pero no para “defenderse” de Carlo ya que en los pocos segundos que dura toda la acción, varios manifestantes atacan el coche (al menos otro también fue justo antes apuntado por el policía) y Carlo aparentemente recibe el disparo prácticamente en el mismo momento de ser visto.
Pareciera más bien que fue un acto indiscriminado. El policía iba a disparar, y Carlo fue muerto por encontrarse en ese instante más cerca del coche.
No fue autodefensa, fue asesinato.

7. Carlo cae al suelo. La sangre está saliendo de su ojo izquierdo, aparentemente el lugar de entrada de la bala. La fuerza de la bala lo hizo girar antes de caer. Según algunas versiones recibió dos disparos (otro en la frente).
Justo en ese momento otro activista se agacha a coger una piedra cuando se da cuenta de que Carlo ha sido disparado.

Foto 5

8. La parte delantera del Land Rover se encuentra todavía empotrado contra el cubo de basura. Los manifestantes huyen ante la posibilidad de que el policía siga disparando.

9. El conductor da marcha atrás girando el volante, y la rueda trasera pasa por encima del estómago de Carlo.

Foto 7

10. El coche policial avanza volviendo a pasar por encima de Carlo, esta vez aplastándole los muslos.
El coche se mueve sólo unos pocos metros, y se puede observar a los resfuerzos policiales con ropa antisiturbios. ¿Si estaban tan cerca del Land Rover, existía realmente la necesidad de disparar? ¿Existía además la necesidad de luego atropellar a Carlo tan salvajemente? Observen que el policía de la izquierda se lleva las manos al casco, en actitud de shock. Al policía que hizo el disparo se lo ve en la parte de atrás del vehículo (parece que llevara un pasamontañas que se pone debajo de la máscara antigas de los carabinieros).

11. En esta ampliación podemos ver que el orificio de entrada de la bala es el ojo izquierdo, y el probable de salida detrás de la sien izquierda.

12. Varios manifestantes corren hacia Carlo e intentan evitar que se desangre. Ya ha derramado más de un litro de sangre por fuera, y seguro mucho más dentro de la cavidad craneal.

13. Alguien ha puesto a Carlo lo que podría ser una chaqueta. Los enfrentamientos continúan, y un manifestante trata de retirar del medio el cuerpo de Carlo mientras otro aparentemente le recrimina la falta de cuidado.

Foto 10

14. Alguien ha puesto un pañuelo o venda bajo la cabeza de Carlo.
Según los informes, policías y manifestantes se enfrentaron durante varias horas muy cerca del cuerpo de Carlo. Podemos observar que la vestimenta de este grupo de antidisturbios es distinta a la de las fotos 2 y 10.

15. Cuando los policías consiguen formar un cerco al rededor del cuerpo de Carlo, se acerca el personal sanitario. Le desvisten desde la cintura y le quitan el pasamontañas. Ya no se puede hacer nada. Una enfermera se lleva las manos a la cabeza en actitud de desesperación.

16. Podemos ver cómo el estómago y los muslos se encuentran hundidos por efecto del atropello.

¿Cómo Siguió?

Primeras reacciones internacionales

Poco después de ser informado de la muerte de Carlo Giuliani, el entonces presidente de Francia Jacques Chirac“cientos de miles de personas no se molestan a menos que haya un problema en sus corazones y espíritus”. En Estados Unidos, la Casa Blanca emitió una concisa declaración comunicando que el presidente George W. Bush había sido informado de la situación, y lo citaba diciendo que la muerte es trágica,y que la violencia fue “altamente lamentable”.[9] Después de tener conocimiento de la muerte del manifestante, hicieron aparición un ceniciento Silvio Berlusconi, junto al presidente de la república Carlo Azeglio Ciampi, quien habló en nombre de los dos acerca de su dolor por la muerte de Giuliani. declaraba a la prensa que

En contraste con las primeras declaraciones del por entonces primer ministro británico Tony Blair, que rechazaba condenar a las autoridades italianas por el modo de manejar la situación en Génova, el ministro inglés para asuntos europeos, Peter Hain, declaró a Sky News que eran indefendibles las acciones de la policía, disparando y matando a alguien.[10] Berlusconi afirmaba que “tenemos que distinguir entre los profesionales de la guerrilla y los manifestantes pacíficos”, que expresan su rechazo a un sistema económico-político determinado,[11] al tiempo que Vittorio Agnoletto, portavoz del Foro Social de Génova, denunciaba la represión usada contra los pacifistas, mientras unos miles de anarquistas mantenían en vilo la ciudad durante tres días.

El Papa Juan Pablo II, que frecuentemente se había dirigido a los líderes del G8 para que hicieran más por la pobreza en el mundo, deploraba la violencia en Génova, diciendo que sentía “tristeza y dolor” por la “hostilidad” que había explotado en la ciudad.[12]

Seis días después de la muerte de Carlo Giuliani, la BBC destacaba la dureza habitual de los los carabinieri en sus intervenciones, y que muchos de los presentes en el incidente (entre ellos el propio Placanica) eran jóvenes realizando su servicio militar, sin experiencia en este tipo de situaciones. También informaba que en la prensa italiana se hablaba de que “se había dado permiso desde “las alturas” a la policía para un ataque de represalia contra los manifestantes” y que primeros informes apuntaban que se habría azuzado a los soldados con cuentos de ataques terroristas y posibles ataques con sangre contaminada con SIDA, entre otras historias.[13]

Investigación judicial

Todos los cargos en contra del carabiniero que disparó, Mario Placanica, fueron retirados cuando la juez que presidía el caso, Elena Daloiso, llegó a la conclusión de que la bala que golpeó a Giuliani no iba directamente encaminada a él y había “rebotado en yeso”.[14] La juez dictaminó que Placanica había actuado en legítima defensa, y el caso no llegó a juicio.[15] La resolución de la juez Elena Daloiso, que ya había sido objeto de fuertes críticas, fue muy discutida por la prensa, así como el no haber procesado al conductor del Land Rover por haber atropellado a Giuliani sobre la base de que el mismo ya estaba muerto. Los médicos que atendieron a Giuliani después de que fuera atropellado declararon que su corazón seguía latiendo,[16] lo cual fue confirmado más tarde por el profesor Marco Salvi durante el juicio que se celebró en Génova contra algunos de los manifestantes, presuntamente involucrados en los enfrentamientos el mismo día que Giuliani fue asesinado. El profesor Marco Salvi, médico forense, había actuado previamente como consultor para Silvio Franz, el fiscal que llevó el caso contra Mario Placanica, y declaró en el posterior juicio de Génova que Giuliani había sido víctima de un “impacto directo”, contradiciendo así el “cambio de rumbo de la bala” en que se basó la decisión de no juzgar a Placanica.[17]

Placanica cambió su versión de los hechos en cuatro ocasiones, y a finales de 2003 declaró al diario de Bolonia Il Resto del Carlino: “he sido utilizado para encubrir la responsabilidad de otros”. Denunciaba que la escena de la muerte “fue contaminada para ocultar pruebas relevantes”, destacaba que la bala encontrada en el cuerpo de Giuliani no se corresponde con la munición utilizada por los carabinieri, y declaraba que el disparo mortal había llegado desde algún lugar del exterior, de las fuerzas del orden en la plaza.[18]

Después de hacer esta declaración, Placanica sufrió un accidente de coche que sus abogados calificaron de “sospechoso”.[19] Estando de baja por enfermedad -una depresión aparentemente ocasionada por los sucesos en cuestión- y después de haber visitado a su abogado para denunciar que sospechaba que alguien estaba manipulando su auto, su auto perdió el control, se salió del camino y chocó. Platanica sufrió heridas graves que podrían haberle ocasionado una parálisis permanente. El padre de Carlo Giuliani declaró que no descartaba la posibilidad de que el accidente hubiera sido provocado, y que “tanto él como su mujer hacía tiempo que temían por la vida del joven policía”, puesto que “sus declaraciones contradictorias indicaban que el 20 de julio pasó algo distinto a lo que nos han hecho creer”.[14] Placanica fue mantenido en aislamiento tras el incidente, y no se permitió a sus padres visitarlo en el hospital[16] .

En abril de 2005, Placanica fue licenciado de los carabinieri, por “no ser apto para el servicio” debido a una enfermedad derivada del servicio. El abogado de Placanica comentó que eran “motivos psíquicos”.

Glosario

Carabinieri:El Arma dei Carabinieri es un cuerpo de seguridad del Estado italiano. El Arma dei Carabinieri también es una de las cuatro fuerzas armadas de Italia. Tiene estatus de policía militar.

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Opinión

Si bien parece que no estaba siendo tan pacífico todo, ¿era necesario usar un arma de fuego? Si era realmente en defensa el uso del arma, si lo que quería el carabinieri era defenderse, no bastaba con bajarse del coche e ir con la policía que estaba a menos de 30 metros??? Se bajaba el conductor y el que disparó por la puerta del conductor y listo, si los policías a pie estaban cerca!
Se justifica que las autoridades que estaban en la manifestación hagan uso de la fuerza, porque tampoco van a dejarse apedrear sin hacer nada, pero era necesario el uso del arma de fuego??? Era necesario dispararle en el ojo a un manifestante??? No bastaba con darle a alguno en el pie??? o un disparo al piso, o al aire??? Si cuando la gente vio a Carlo en el piso, baleado, se dispersó unos instantes; no podían dispararar a otro lado que no sea el ojo!
No justifico para nada el uso del arma de fuego, pero supongamos que alguien demuestra que era necesario disparar el arma al menos una vez. Bueno, ¿era necesario pasar por encima del cuerpo 2 veces? ¡¡¡era necesario!!???
Una mierda que no sólo pasa en el tercer mundo, las injusticias.

Cheli

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Revuelta de Haymarket

Este artículo complementa bastante con el “1 de Mayo: Día de los Trabajadores”, recomiendo leer los dos, primero ese del 1 de mayo y después éste de la revuelta de haymarket.

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El incidente de Haymarket o revuelta de Haymarket fue un hecho histórico que tuvo lugar en Haymarket Square (Chicago, Estados Unidos) el 4 de mayo de 1886 y que fue la gota que rebalsó el vaso, en una serie de protestasobreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta. Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas socialistas:

que desde el 1 de mayo se habían producido en respaldo a los cinco de ellos fueron condenados a muerte (uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado).
tres fueron recluidos.
Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero.

Posteriormente este hecho dio lugar a la conmemoración del 1 de mayo, originalmente por parte del movimiento obrero, y actualmente considerado en la gran mayoría de los países democráticos (exceptuando los Estados Unidos, el Reino Unido y el Principado de Andorra), el Día internacional de los trabajadores.

martires_haymarket

El Contexto

Los hechos que dieron lugar a esta revuelta están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La reivindicación de la jornada laboral de ocho horas

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de ocho horas. El hacer valer la máxima ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa. En este contexto se produjeron varios movimientos. En 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de dieciocho horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de dieciocho horas diarias debía pagar una multa de veinticinco dólares.

El movimiento sindical en Canadá inició una campaña similar a partir de 1872 a favor del día laboral limitado y de los derechos sindicales, que se obtuvieron en la década de los 1870 en ese país.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, con una importante influencia anarquista, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Americana del Trabajo). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga. Recomendaba a todas las uniones sindicales a tratar de hacer promulgar leyes con ese contenido en todas sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo (menos desocupación). Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la combatibilidad de los trabajadores en general.

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las ocho horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de ocho y diez horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre catorce y dieciocho horas). Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.

Como la Ley Ingersoll no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento en demanda de las ocho horas de trabajo como “indignante e irrespetuoso“, “delirio de lunáticos poco patriotas“, y manifestando que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo

Los Hechos

La convocatoria de huelga

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (la principal organización de trabajadores en EE.UU.) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: “Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto“. Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.

En la prensa del día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podía leer: “Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarco-socialistas“.
El New York Times decía:

Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo.

El Filadelfia Telegram decía:

El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas.

El Indianápolis Journal decía:

Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento.

1 de mayo, inicio de la huelga

El 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de esquiroles. El día 2 la polícia había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo seis muertos y varias decenas de heridos.

Adolph Fischer, redactor del periódico Arbeiter Zeitung, corrió hacia la imprenta del periódico para imprimir 25.000 octavillas (hecho que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que lo llevó a la horca). Las mismas proclamaban:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el 4 de mayo, a las cuatro de la tarde, en Haymarket Square. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30.

4 de mayo, día de la revuelta

El 4 de mayo a las 21:30 el alcalde, quien estuvo presente en en el acto de Haymarket Square para garantizar la seguridad de los obreros, dio por terminado éste. Pero el mismo siguió con gran parte de la concurrencia (más de 20.000 personas). El inspector de la policía John Bonfield consideró que habiendo terminado el acto no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar, y junto a 180 policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimirlos. De repente estalló entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial de nombre Degan y produjo heridas en otros. La policía abrió fuego sobre la multitud, matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizaron cantidad de allanamientos y se fabricaron descubrimientos de arsenales de armas, municiones, escondites secretos y hasta “un molde para fabricar torpedos navales”.

La campaña de prensa

La prensa en general se plegó a la represión y realizó una campaña apoyando y animando la misma con columnas como esta:

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!.

La prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero. Se continuó con la detención de cientos de trabajadores en calidad de sospechosos.

El juicio

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a 8. Pese a que el juicio fue en todo momento una farsa y se realizó sin respetar norma procesal alguna, la prensa amarilla sostenía la culpabilidad de todos los acusados, y la necesidad de ahorcar a los extranjeros. Aunque nada pudo probarse en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.

En la actualidad se considera que su juicio estuvo motivado por razones políticas y no por razones jurídicas, es decir se juzgó su orientación política libertaria y su condición de obreros rebeldes, más no el incidente en sí mismo.

Las condenas

Prisión

  • Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua).
  • Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a quince años de trabajos forzados).
  • Michael Schwab (alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua):
    Hablaré poco, y seguramente no despegaría los labios si mi silencio no pudiera interpretarse como un cobarde asentimiento a la comedia que se acaba de desarrollar. Lo que aquí se ha procesado es la anarquía, y la anarquía es una doctrina hostil opuesta a la fuerza bruta, al sistema de producción criminal y a la distribución injusta de la riqueza. Ustedes y sólo ustedes son los agitadores y los conspiradores.

    Michael Swabb

Muerte en la horca

El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de:

  • Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo).
  • Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista):
    Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno… pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida

    Adolf Fischer
  • Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente):
    El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.

    Albert Parsons
  • Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista):
    Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois
    ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia

    Hessois Auguste Spies
  • Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda:
    No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!

    Louis Linng

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Bueno gente, espero hayan aprendido algo más, es un informe bastante copado que nos cede la wikipedia, muy copado. Por sobre todo, aprender y enseñar.
Salud!


1 de Mayo: ¡Día Internacional de los Trabajadores!

Si creéis que ahorcándonos podéis acabar con el movimiento obrero … el movimiento del cual los millones de oprimidos, los millones que laboran en la miseria y la necesidad esperan su salvación, si ésta es vuestra opinión, ¡entonces ahórcanos! Aquí pisoteáis una chispa, pero allí y allá, detrás de vosotros, frente a vosotros, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterráneo. No lo podréis apagar

Albert Spies (ejecutado en Chicago el 11 de noviembre de 1887)

revuelta

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Artículo escrito por EDUARDO ZURITA GIL 01/05/07

Son ciento veintiún años desde el primero de mayo de 1886. En Estados Unidos de Norteamérica, la historia oficial ignora o minimiza la importancia y sentido de las acciones heroicas hasta la muerte, que realizaron en Chicago los trabajadores, en su mayoría inmigrantes, por la reducción de la jornada laboral a ocho horas y el mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros.

Ocultar, con el olvido, el crimen de asesinar a los hombres por sus ideas, no borra la vergüenza de acto tan despreciable. Por ello el mejor tributo que podemos ofrendar a los gestores de una de las luchas más trascendentales por la reivindicación de los derechos de los trabajadores, es refrescar la memoria histórica y recuperar su valor, sobre los hechos y su significado.

SITUACIÓN DE LOS OBREROS

La Guerra de Secesión (1861-1865) conlleva varios resultados para los trabajadores en EE.UU. Se producen grandes cambios socioeconómicos. El desarrollo de las fuerzas productivas consolida el gran capital; no obstante, entre las décadas de los setenta y ochenta, como resultado de la crisis de sobreproducción, se ocasiona la Gran Depresión que, sumada a la automatización de las labores específicas, provocó desempleo, disminución del salario y mayor explotación. “El exceso de mano de obra en los mercados de trabajo siempre ha debilitado las posiciones de quienes la ofertan garantizando las de quienes la compran” (A. Galkin).

Las injustas condiciones de sobreexplotación, el hambre y la incertidumbre repercutieron en la toma de conciencia y en la unidad del proletariado norteamericano. “El empleo asegurado y constante es una excepción” –dice el periódico obrero The Alarm– “el número de desempleados comprendidos los del agro ascendió a 3 millones, estos norteamericanos son libres de verdad! Pueden pasar hambre libremente, pueden mendigar libremente, pueden incluso morir de hambre, pero no son libres de hacerse ni siquiera esclavos”. Una familia necesitaba para malvivir 755 dólares por año, pero su ingreso era de apenas un poco más de 500. Trabajando 16 y 18 horas diarias un minero de Pennsylvania ganaba entre 2 y 2,7 dólares por día. Las condiciones se empeoraban por la inmigración y la concentración de la población en las grandes ciudades.

A estos hechos se añade la ausencia de una legislación laboral y de derechos políticos para los obreros, por lo tanto no tenían ningún peso en las decisiones de gobierno. En estas circunstancias bregaban por organizarse. En Europa soplaban vientos renovadores. Las nuevas ideas. El Manifiesto Comunista, la esperanza de liberación del proletariado. La experiencia de la Comuna de París. Sucesos que en las tierras nacientes alentaban los sueños proletarios. Chicago se convirtió en una ciudad de extranjeros: alemanes, irlandeses, bohemios, polacos, franceses, rusos. Aunque sus orígenes eran de pobreza, llevaban una llama visionaria. Un proletario se describió: “Bárbaros, salvajes, anarquistas ignorantes, analfabetos de Europa Central, hombres que no pueden comprender el espíritu de las instituciones americanas libres; de ellos soy uno”.

INVIERNO DE 1872

Un año después de la Comuna de París, en Chicago, miles sin hogar y hambrientos a causa del Gran Incendio, hicieron manifestaciones pidiendo ayuda. Muchos llevaban en pancartas inscritas las palabras “Pan o sangre”. Recibieron sangre. Corridos al túnel debajo del río Chicago, fueron abaleados y golpeados.

Después de 1877, las dos clases entendieron bien que pronto estallarían nuevos conflictos. En el horizonte, la burguesía veía una “Comuna Americana” y preparaba medidas sangrientas para reprimirla; en las ciudades principales convirtió los arsenales en fortalezas; transformó la Guardia Nacional en un ejército moderno con armas modernas –ametralladoras Gatling– contrató grandes ejércitos privados de informantes, matones y pinkertons –guardias privados–” (Del Obrero Revolucionario, No. 351, 14.4.1986).

Los empresarios gozaban de sus propias asociaciones y tomaron providencias para evitar la unión de los trabajadores. Se dictó la prohibición a la huelga, a la asociación, y respecto de los activistas se elaboraban “listas negras” de modo que quienes constaban en ellas no podían ser contratados en ninguna empresa. En la revista The North American Review se leía: “en EE.UU. nada garantiza al hombre el primero y más grande de todos sus derechos inalienables; el que el trabajador debe tener a todos los frutos de su trabajo”. De las propias estadísticas oficiales se establecía que los obreros recibían apenas el 15% de los bienes materiales que producían, apropiándose del 85% restante un puñado de dueños del capital.

LA ORGANIZACIÓN

En 1882 lograron el reconocimiento al derecho de organización. Pero es a fines de los años setenta y comienzo de los ochenta, particularmente, durante la crisis económica (1882-1885) que aparecen las primeras uniones o sindicatos en los estados de mayor concentración obrera e industrial (Nueva York, Pennsylvania, Massachusetts, Ohio e Illinois).

Más allá de las exigencias de los trabajadores europeos de limitar la jornada a diez y doce horas, se empezó a considerar que las nuevas condiciones tecnológicas y sociológicas, la debían reducir a ocho horas, y por ello ésta se constituyó en la principal reivindicación de la clase obrera. El Cuarto Congreso de la Federación Norteamericana del Trabajo (AFL), realizado el 7 de octubre de 1884, por moción presentada por Gabriel Edmonston, resolvió que a partir del primero de mayo de 1886 la jornada de trabajo duraría ocho horas. La consigna decía: “Un día de rebelión, no de descanso!… Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”.

La imagen de la jornada de ocho horas, a los dueños del capital les pareció una sandez y un disparate, pero entre los obreros logró gran poder de convocatoria. Con tal propósito desde comienzos del año 86 se multiplicaron las huelgas. La efervescencia de los acontecimientos comprometió a un grupo de anarcosindicalistas, entre ellos Albert Parsons y August Spies, quienes dirigían la prensa obrera y daban orientación a los trabajadores, uno de sus postulados decía: “la libertad sin igualdad es pura mentira”. En 1876 se había fundado el Partido Obrero Socialista de América, pero en Chicago, en cambio, sus dirigentes, se desentendieron de la lucha obrera porque estaban embelesados debatiendo en la arena parlamentaria.

PRIMERO DE MAYO

Llegó el Primero de Mayo. En la fábrica de maquinaria agrícola Mackormic Reaper, en medio de la agresión y provocación diaria de esquiroles protegidos por la policía, se desarrollaba una huelga. El 3 de mayo, Spies se presentó para animar a los huelguistas con uno de sus tantos discursos. Le escuchaban alrededor de 6000 obreros cuando apareció la policía para escoltar a los rompehuelgas que en ese momento salían de la planta. No pudo concluir su intervención. Los precursores del Pentágono guardaban intenciones de cortar todo de raíz y apurar el desenlace, las instrucciones eran amedrentar y escarmentar. La ira demostrada por los trabajadores frente a los esquiroles fue razón suficiente para que la policía abra fuego, mate a seis y hiera a muchos de los reunidos. Esa misma noche Spies escribió …esta tarde mataron a seis de sus hermanos de la fábrica Mackormic, les mataron porque ellos, igual que ustedes, tuvieron el coraje de desobedecer la suprema voluntad de sus dueños. Les mataron porque habían osado pedir que se le redujera las horas del trabajo pesado. Les mataron para demostrarles a ustedes “libres ciudadanos de América”, que deben estar satisfechos y contentos por lo que sus amos tengan la condescendencia de permitirles, si no quieren ser asesinados…”

4 DE MAYO

Fischer y Engel, otros de los dirigentes, promovieron para este día en la plaza de Haymarket (mercado del heno), un mitin para protestar contra la matanza. Se concentraron varios miles de obreros. Se inició a las siete y media de la noche. Los oradores fueron Spies, Parsons y Fielden. Fueron discursos esclarecedores no de incitación. Cuando intervenía Fielden, empezó a llover y más de la mitad de los asistentes se retiraron. El mitin estaba por concluir, cuando se escucharon botas que chapoteaban arrogantes cruzando la plaza. Un numeroso grupo de policías fue a apostarse desafiante junto al vagón que servía de tribuna.

Los policías tenían un “plan trazado para provocar un incidente” que –como siempre- justifique la represión, la persecución y la destrucción del movimiento y de sus dirigentes. Los sucesos se dieron vertiginosamente. Un oficial exigió a los manifestantes que abandonen la plaza, Fielden bajando del vagón apenas pudo responder “Nuestro mitin es pacífico…” Ese momento estalló entre los grupos de la policía una bomba. Muchos se desplomaron y uno cayó muerto. La fuerza medrosa abrió fuego al acaso. Los trabajadores corrieron. En tan solo segundos cayeron varios muertos y centenares de heridos. La prensa capitalista que en todo el proceso venía desinformando y azuzando contra los obreros se desató furiosa y acometió a los sindicalistas, calificó al mitin de “multitud embrutecida” (Chicago Tribune). “Estas serpientes se han calentado y alimentado bajo el sol de la tolerancia hasta que, al final, se han envalentonado para atacar la sociedad, el orden público y el gobierno”. Es hora de “infundir un miedo benéfico” entre los trabajadores. Por otro lado se rotulaba a los policías como “héroes de la ley y el orden público”.

CACERÍA Y PATÍBULO

De inmediato comenzó la cacería y los registros generales. Se encarcelaron a todos los activistas y se inició causa contra los principales dirigentes: Ausgust Spies, Michael Schwab, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg y Oscar Neebe. La acusación era el asesinato del policía Mathias J. Degan en la plaza de Haymarket. De los ocho indiciados solo dos estuvieron presentes en la plaza; no obstante, el New Cork Tribune, reclamaba que “todos los líderes obreros fuesen ejecutados de inmediato”. El Gran Jurado se constituyó, no como debió hacerse, por sorteo; se seleccionó de entre 981 candidatos, a doce sujetos que profesaban “un odio abierto a los obreros”; el alguacil, al igual que los escogió, garantizó, con desparpajo, la horca como desenlace. Sin pérdida de tiempo, el 17 de mayo se reunió e instauró el llamado “Proceso de Haymarket”. El juicio se fijó para el día 21 de junio ante la Audiencia Criminal de Cook County. Antes de iniciado el juicio, se conocía el destino fatal de los acusados. Mientras se armaba el tinglado judicial se construía el cadalso para la ejecución. Se había dado comienzo a un “linchamiento legal”.

La policía no logró capturar a Partson; éste al conocer del proceso, con valerosa lealtad prorrumpió una mañana en la sala y fue a sentarse en el banquillo junto a sus compañeros. “Me matarán -dijo- pero no he podido quedarme en libertad conociendo que mis camaradas están aquí y se verían castigados por algo que, igual que yo, son inocentes” El juez Joseph E. Gary y el fiscal Julius S. Grinnell desempeñaron el papel de verdugos y serviles cumplidores del mandato de sus amos. Se presentaron testigos comprados, perjuros y contradictorios. Nunca se supo quien arrojó la bomba.

Los acusados encontraron la oportunidad de reiterar su convicción y compromiso. Spies recalcó: “Estas son mis ideas, no puedo renunciar a ellas… si queréis condenar a la gente a la pena capital porque se ha atrevido a decir la verdad –yo os desafío a citar una sola mentira que hayamos dicho– si la muerte es la pena que se impone al que proclama la verdad, ¡pagaré ese elevado precio desafiante y orgullosamente! Llamad a vuestro verdugo”. Louis Lingg, a sus veintiún años de edad, declaró: “EE.UU. es un país de tiranía capitalista y del más cruel despotismo policiaco… Desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra autoridad basados en la fuerza. ¡Colgadme por ello!” Adolph Fischer denunció: “Sé que es imposible convencer a los que mienten por oficio: a los asalariados directores de la prensa capitalista, quienes cobran por sus mentiras”.

Al bajar el telón el fiscal se pronunció: “condenen a estos hombres para aleccionar a los demás, ahórquenles para salvar nuestras instituciones, nuestra sociedad”. El 20 de agosto se dictó el veredicto de culpabilidad. No se los condenó por la acción de matar a un policía, “los juzgaron por el crimen de dirigir a los oprimidos”, se los iba a matar por la acción de atentar contra el sistema. A pesar de que en el proceso se demostró que éste era perverso, oprobioso e injusto. Los defensores: William P. Black, William A. Foster, Sigmund Zeiser y Moses Salomori, apelaron en septiembre ante el Tribunal Supremo, el cual reconociendo que existieron errores en el proceso y ausencia de pruebas, confirmó el dictamen del jurado. El 9 de octubre se pronunció la sentencia: los siete fueron condenados a muerte y Oscar Neebe a 15 años de trabajos forzados.

Muchas voces en el mundo se elevaron para pedir se indulte a los sentenciados. La tiranía mata por cobardía, por temor; pero las ideas no mueren ni por estrangulamiento. “A lo largo de la historia, el origen de la violencia ha sido la propiedad privada”(A. Spies). A dos de los condenados les cambiaron la pena por cadena perpetua. El joven Louis Lingg en su celda, vísperas de la ejecución, en desacato final, se voló la tapa de los sesos con un fulminante de dinamita.

El mediodía del viernes 11 de noviembre de 1887 cuatro hombres (Spies, Engel, Parsons y Fischer) cubiertos con togas blancas subieron al patíbulo. Spies habló mientras el verdugo le cubría la cabeza con la capucha: “Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que ustedes hoy estrangulan”. Parsons gritó: “¡Permítame hablar, sheriff Matson! Que se oiga la voz del pueblo…” La gruesa cuerda de esparto ahogó esas palabras que resonaran por siempre…

Acompañaron sus funerales decenas de miles de personas. Las fábricas empezaron a reducir a ocho horas. El ejemplo de los “Mártires de Haymarket” sigue inspirando a los que luchan contra las injusticias y la explotación y su recuerdo se revive cada Primero de Mayo. La adversidad de los migrantes, la presente situación de la masa proletaria no actualiza esta historia?

¿SABREMOS RESPONDER?
Los necios no aprenden de la historia. Al concluir nos asalta una interrogación. Para evitar los inútiles costos de la confrontación y en el entendido de que ha de prevalecer la inteligencia y la civilización, exploramos con convicción la corriente de la mediación y el diálogo; mas ¿qué sucede cuando los dueños del poder político o económico envilecen el diálogo y lo usan frívolamente como ardid? ¿Las masas no recuperan el derecho de irrumpir por sus fueros y hacer uso de otros medios? ¿Podremos por convicción o conveniencia evitarlo?

JUBILADOS Y MADRES QUE TRABAJAN

El Congreso de la II Internacional, realizado en París en 1889, declaró al primero de mayo “Día de la Solidaridad Internacional de los Trabajadores”. Y así es como debemos conmemorar y entenderlo: Día de la Solidaridad de los Trabajadores. No es, pues, simplemente el “Día del Trabajo”. En el momento actual los que demandan, en primera línea, nuestra solidaridad, son los trabajadores jubilados, su causa debe ser la causa de todos. Su injustificada situación no es tan solo ocasionada por los gobiernos, como señalan algunos empresarios queriendo desentenderse de su responsabilidad; pues resulta que los gobiernos siempre han sido representantes y exponentes de los intereses empresariales. No obstante, todos debemos comprometernos en darles una solución ya y ahora. Los trabajadores jubilados no tienen tiempo para esperar.

Después del primero de mayo se celebra del Día de la Madre. Podemos hablar, entonces, con solidaridad, de un doble tributo, en una sola intención, en una sola persona: a las madres trabajadoras como síntesis de madre y trabajo. Exaltando el trabajo, Benjamín Constan dice que “el sudor del hombre es el mejor abono para la tierra”, parafraseando: el sudor de la madre es abono para la vida; tal vez por eso Dumas escribió “la maternidad es el patriotismo de las mujeres”. La madre trabajadora construye la Patria criando bien a sus hijos y faenando la existencia de su hogar y su familia, en su propia casa o buscando un pan fuera de ella. Su sacrificio generoso nunca es suficientemente compensado. En su inmensa entrega ella se resarce, como suya, en la felicidad de sus hijos

* EDUARDO ZURITA GIL: Artista ecuatoriano. Presidente de la Federación Nacional de Artistas. Ex-Vicepresidente de la Confederación de Trabajadores del Ecuador. Ex-Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales. Director Nacional de Mediación de la Defensoría del Pueblo.

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Bueno gente, espero hayan aprendido algo, busqué en internet un sólo texto para publicar, y este me pareció el más corto y conciso después de haber leido varios (wikipedia entre otros).
Por favor, perdón, y gracias.
Salud!


Buenos Aires Stencil

Mira vos…buscando algo sobre lanata, encontré este documental sobre el uso del stencil en buenos aires, muy copado.

En menos de media hora podés aprender algo, seguro seguro….y sino, le devolvemos su dinero! ja!!!

Interesante che!

Dirección y edición:      AMELIE LAMBERT

fuente: http://www.bsasstencil.com.ar/